viernes, 12 de octubre de 2007

Ante el terremoto de Perú. Iniciativa solidaria: Ayudar en Condoray

12.10.2007. Fondo de Baúl



Condoray

Por: Redactor de Aragón Liberal

A 144 km al Sur de Lima se encuentra el Centro de Formación Profesional Condoray. Una manera de promover el desarrollo integral de la mujer a través de la educación, el mejor instrumento para desafiar la pobreza y desarrollar el país


Ayudar en Condoray



11 de octubre de 2007.- La formación doctrinal de Condoray está encomendada a la Prelatura del Opus Dei. Estudian y trabajan personas de todas las condiciones sociales, procedentes de todo el Perú, especialmente de los poblados rurales del Valle de Cañete. Además realizan una labor de capacitación de la mujer en 18 poblados rurales, todos muy humildes y de escasos recursos, donde se estima que habitan aproximadamente unas 14.000 personas.  


Una ayuda de fuera


Este verano hemos estado en Condoray desarrollando un proyecto de voluntariado. Vivimos en una sociedad con muchos medios: quizá cuando uno valora todo lo que ha recibido de Dios no se conforma con dedicar un mes a su descanso, donde muchos días pasan vacíos de contenido.



Nosotras hemos ido a darnos y hemos vuelto con las manos llenas. Hemos sido los primeros beneficiarios del proyecto al experimentar cómo darse es la manera más rápida de ser feliz. Quizá no hemos visto ciudades preciosas, llenas de comodidades para el turista. Pero hemos visto la grandeza del corazón humano cuando lo pierde todo.


El terremoto


Eran las 18.45 del día 15 de agosto, ya casi de noche (allí es invierno).


Acabábamos de regresar de un día de trabajo en los poblados. El suelo y las paredes comenzaron a sacudirse con fuerza y rapidez. Salimos corriendo al patio. Del interior de la tierra emanaba un rugido atronador. Oíamos el ruido de los cristales que se rompían, el techo de la Iglesia se vino abajo.


Sentimos miedo, mucho miedo. Rezamos. En esos momentos sientes la muerte muy cerca, son momentos dónde el alma se queda sola, en intimidad con Dios. Uno descubre que la vida no es propia. A mí me dio vergüenza comprobar que todavía no había hecho nada de mi vida. Y me encontré apretando los labios pidiendo en mi interior más tiempo, tiempo para llenar la vida de las cosas que merecen la pena.


Tres minutos después, todo se quedó quieto. Un silencio cortante, sólo interrumpido por el estrépito de los cristales al caer. Mucha incertidumbre e inquietud. Había amenaza de réplicas fuertes, perdimos la comunicación, estábamos sin luz, sin poder movernos y la noche se echó encima. Pasamos la noche al aire libre. Nos arropamos todas juntas en unos colchones, vestidas, con los zapatos puestos y con la mochila por almohada, por si teníamos que salir corriendo. Había demasiada tensión, sólo a ratos pudimos dormir. La noche fue larga. Quién nos iba a decir que pasaríamos una noche viendo las estrellas a 75 Km del epicentro de un terremoto, tan lejos de nuestros hogares. Esos momentos no se olvidan.


Al día siguiente…


El día 16, nada más amanecer nos pusimos a disposición completa de Condoray.


Desde muy temprano Mónica Ríos, Diana Celi, Milagros Panta y su equipo estaban organizando un plan urgente de auxilio a los poblados, para ver cómo se encontraba la gente y cuáles eran las necesidades prioritarias a cubrir.


Condoray


La mayor parte de las casas de adobe se han derrumbado, los techos sucumbieron violentamente, llevándose incluso la vida de algunos. Han improvisado carpas de plástico y esteras, donde pasan las noches, asustados por las réplicas. Apenas disponen de alimentos y lo poco que tienen lo preparan en las ollas comunes. Hace frío, por las noches hay heladas, y están sin ropa de abrigo. Han sufrido saqueos nocturnos que les han llenado el alma de miedo. Están pasando serias necesidades Y allí siguen todavía, a la intemperie. Allí se están haciendo una familia única, cargada de necesidad.


Al llegar hasta allí, fuimos con urgencia a comprar esteras para que las familias pudieran construirse una choza que les protegiera del frío y de la desnudez de verse sin nada. Hemos descargado camiones de comida y repartimos en los poblados hasta el anochecer. Los días de saqueos, los hemos dedicado a estar con las familias, escuchando sus situaciones personales, viendo sus necesidades, consolando, dándoles ánimos, acompañando.


El ejemplo de un pueblo


Hemos trabajado bajo la Dirección de Condoray, compartiendo todo, y no las hemos visto descansar un sólo minuto. Después de la cena, las luces de las oficinas seguían encendidas. Hemos visto como se han volcado con todos los que tenían necesidad, incluso con nosotras. Estábamos lejos de nuestros hogares, pero allí nos han hecho sentir como en casa.


Quiero hacer una mención especial al trabajo ejemplar de las promotoras rurales. Ellas son las mujeres del Valle, las verdaderas protagonistas de su desarrollo. Se forman en Condoray y son las responsables de "repicar" lo que aprenden en sus poblados.


Condoray


Estos días nos han dado un ejemplo de generosidad y entrega a los demás fuera de lo normal. Han olvidado sus necesidades personales- también ellas lo han perdido todo- y han salido a las calles, a llamar a todas las "puertas" de sus vecinos para cuantificar el alcance de los daños. Gracias a su trabajo, se podrá llegar a aquellos rincones donde parece que nunca llega la ayuda.


La palabra más escuchada en estos días ha sido: "gracias señorita". Han perdido lo poco que tenían. Les queda como único consuelo la vida. Y siguen dando las gracias, dan gracias a Dios por ello. Son gente ejemplar, gente que crece en las dificultades. Gente que tiene un motor en el corazón que les impide hacer drama de la vida. Siempre para adelante, siempre alegres. Son un pueblo sencillo cuya fe mueve montañas y estoy segura que levantar casas, pueblos enteros.


Este es el fundamento de su serenidad y de su alegría. Para ellos, que tienen a Dios de su lado, pase lo que pase, no pasa nada. "Siempre alegres", repetía Isabel Charún, viuda desde febrero, madre de 13 hijos, de cuya casa sólo quedan algunos escombros. Para mí ha sido un ejemplo de fortaleza en medio del dolor, en brazos de la cruz. Hemos vivido nuestra "misión especial" con mucho cariño y asombro.


Hemos intentado ayudar a unas personas que nos han dado una de las lecciones más bonitas de la vida. Hemos dejado allí muchas historias personales, con sus nombres y apellidos. Nosotras hemos regresado, pero se ha quedado allí parte de nuestro corazón. Creo que no podremos evitar volver.


Una forma de vida


También pienso que no es necesario irse tan lejos para poder ayudar. Aquí, en nuestra sociedad, existe mucha pobreza. Vivimos rodeados de muchas necesidades. Quizá no sea material, pero sí convivimos con mucha soledad, con un fuerte individualismo, con la ausencia del sentido de la vida y de búsqueda de la verdad, con la ausencia de fe y la falta de formación esencial para la vida. También aquí podemos tener un verano o un invierno diferente.